Consideraciones en relación a la traza del llamado camino de sirga

Consideraciones en relación a la traza del llamado camino de sirga

30 marzo, 2011Agustinasalerno

Introducción: “…También nosotros somos la tierra…”

Nos resulta valioso aquel concepto de cultura que pone el acento en el modo particular como, en un pueblo, las mujeres y los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios. Abarcando de esta manera la totalidad de la vida de un pueblo, con los valores que la hacen crecer y con los desvalores que la debilitan. (1)

Esta definición tiene detrás la concepción de que los seres humanos somos hijos de la tierra e hijos de Dios, somos hermanos. “La tierra es nuestra casa. La tierra es nuestro cuerpo. También nosotros somos la tierra. Sin embargo, para la civilización moderna… la naturaleza ha terminado convirtiéndose en una mera cantera para el dominio, para la explotación económica. Y así nuestra casa, nuestro cuerpo, algo de nosotros, se degrada… Que seamos libres y que podamos investigar, comprender y modificar el mundo en que vivimos no significa que todo valga. No hemos puesto nosotros sus “leyes”, ni las vamos a ignorar sin serias consecuencias. Precisamente porque no somos sólo “naturaleza” en el sentido moderno del término, porque no somos sólo física, química, biología, es que podemos interrogarnos por el sentido y estructura de nuestro ser natural y ubicarnos en continuidad con ello. Es decir, con sabiduría, y no con arbitrariedad, creando “cosmos” y no “caos”. (2)

Esa arbitrariedad, ese “caos”, se ve en la cuenca hídrica Matanza-Riachuelo, peligrosamente contaminada. A sus orillas viven miles de seres humanos, miles de hermanos nuestros. Necesitamos desterrar definitivamente de entre nosotros la respuesta de Caín a Dios: ‘¿acaso, yo soy el guardián de mi hermano?’ (Génesis. 4, 9.) Porque aquellos que sufren la injusticia y están heridos en su dignidad, son hermanos. No podemos despreocuparnos de nuestra propia carne. (Cfr. Isaías. 58, 7.) 

Cuenca Matanza – Riachuelo, rodeada de villas

“…El Barrio es nuestra Casa…” (3) 

A orillas de esta cuenca hídrica se han extendido las llamadas Villas de emergencia. Ahora bien, respecto de las Villas nos parece que poco sabría contar el hombre común de la Ciudad, fuera de las cosas que se repiten desde siempre. Somos conscientes de la existencia de relatos (4)  tan fuertes que si quisiéramos aportar otra mirada acerca de estos barrios, todo lo que hasta ahora se ha dicho de las Villas aprisiona las palabras y casi que obliga a repetir en lugar de decir (5).

Para no quedar atrapados en esos relatos que sólo ayudan a segregar más es necesario escuchar la voz de nuestros hermanos más pobres. Entonces el primer paso ineludible para integrar las Villas al todo de la Ciudad es escuchar a los vecinos de estas barriadas pobres. Su experiencia comunitaria e histórica,crea una cultura que merece ser respetada e integrada; una sabiduría acerca de la vida a la que no pueden acceder aquellos que no son pobres. Porque en un sentido el hombre no sabe más que lo que ha experimentado (6).

Escuchando a los vecinos de los barrios, nos contaban que tienen claro que no es bueno para la salud de sus familias vivir allí, a orillas del Riachuelo, pero que no tenían otras posibilidades. 

 ¿Acaso la Ciudad ofrece otras formas reales de “hospitalidad” para quienes llegan -del interior del país o de países hermanos- buscando salir de las situaciones de miseria en la que vivían?  

Villa 21-24 a la vera del Riachuelo

La Villa, su barrio, se ha tornado la prolongación de la familia, es la familia grande. Por eso muchas veces vemos a un grupo de vecinos ayudar a una familia a levantar su loza para que vivan con más dignidad. De la misma manera se da el caso de una vecina que va a cuidar otra vecina enferma al hospital, según aquello de “hoy por ti, mañana por mí”. O bien se hace una colecta entre los vecinos para ayudar a dar una sepultura cristiana a un vecino que murió.  

Por otro lado vemos que en la gran Ciudad es común que se reivindique el derecho a lo superfluo y nos olvidemos que en la periferia de la misma se vulneran los derechos más elementales. Es que en la cultura en la que vivimos muchas veces “estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras » (7).  En una Ciudad tan grande como Buenos Aires, vamos perdiendo humanidad en la medida en que no nos hacemos prójimos (Cfr. Lucas. 10, 29-37), en la medida en que no le reconocemos al otro su eminente dignidad en su diferencia, recibiéndolo con bondad y escuchándolo. 

Nuestra propuesta: la integración urbana (8)

Sabemos de la decisión oficial de liberar la traza del denominado “Camino de sirga”, con la consiguiente erradicación y relocalización de cualquier tipo de asentamientos en la zona afectada.

Conocemos a muchas de las familias que viven allí porque pertenecen a  los barrios donde nosotros vivimos o acompañamos pastoralmente, tal vez sea de ayuda el acercar algunas reflexiones:  

• Nos parece bien que se quiera mejorar la situación habitacional de la población que vive a orillas del Riachuelo, expuesta a la contaminación.  

• Hay que tener en cuenta que la mayoría de las familias afectadas no viven en asentamientos informales. En muchos casos son barrios bastante afianzados. Cientos de familias han tenido la dignidad de construir sus viviendas, han transformado la quema o basurales en lugares para habitar. Es preciso valorar el modo de construir en la Villa y tener en cuenta esto a la hora de relocalizar. Así como se piensa en lo general de la Ciudad, hay que pensar en los afectados, no con conceptos alejados a su historia sino atendiendo bien a su realidad.  

• Nos parece oportuno recordar lo que expresáramos en las reflexiones sobre la urbanización y el respeto por la cultura popular que se da en la Villa (9). Allí decíamos que al urbanizar se debería procurar que se den las mismas posibilidades a los que viven en la Villa que a los que viven en cualquier otro lugar de la Ciudad, garantizando, por ejemplo, el acceso escolar para todos los niños y jóvenes de las Villas. También sugeríamos que a la hora de querer mejorar la calidad de vida en las Villas, es fundamental poner el oído en el corazón del villero, para que las posibles soluciones no provengan de oficinas lejanas donde trabajan técnicos que ignoran la realidad, muchas veces empeorando más que mejorando la calidad de vida de los vecinos. 

• ¿Quién mejor que los vecinos de los barrios conocen sus necesidades más elementales? Por eso sería fundamental establecer mesas de diálogo con ellos. Para nosotros es imprescindible crear canales de diálogo reales con los vecinos, con las organizaciones de los barrios. Los vecinos no pueden ser meros espectadores de lo que deciden por ellos, siempre en esa incertidumbre que se hace larga. Las decisiones que al Ejecutivo de la Ciudad le corresponde tomar tienen que tener muy presente lo que opinan los vecinos de estas barriadas más humildes que luchan día a día por una vida más digna.  

• En este sentido, si hay que relocalizar, que las familias puedan acceder a viviendas no del estilo de asentamientos informales, sino propias de barrios afianzados. También hay que tener en cuenta a los vecinos que alquilan allí, porque no pueden hacerlo en otro lugar más digno.  

• Hay que tener presente que muchos de los vecinos, proviniendo del interior del país o de países hermanos, tuvieron muchas dificultades para armar su “red de contención social”. Sería inadecuado obligarlos a tener que volver a adaptarse a una escuela, a un nuevo hospital o centro de salud, a una nueva comunidad creyente –Parroquia-, a todo lo que implica la red de contención, tan importante en los pobres.  

• No queremos que sumen nuevas frustraciones en sus vidas. Muchas de estas frustraciones se pueden evitar si se piensa en una relocalización que no los aleje de sus barrios. La mayoría de los casos son de la villa 21/24 y alrededores. Proponemos que se los re localice en terrenos cercanos, averiguando la posibilidad de aprovechar algunos de los terrenos ociosos, privados o estatales. Realmente importante es tener en cuenta esto ya que lamentablemente en la historia de nuestros barrios ha habido casos de experiencias nefastas de erradicaciones y relocalizaciones, que han traído mucho sufrimiento. Con tales antecedentes, hay que estar bien atentos para que un nuevo plan se haga con la seriedad necesaria.  

• Queremos recordar el concepto de “integración urbana”. Está bien pensar en la totalidad de la ciudad y buscar la calidad de vida de todos, pero siempre respetando a todos. La Villa no es un estorbo, tiene mucha riqueza cultural que aportar al resto de la Ciudad.

Esta obra inmensa de saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo con el consiguiente mejoramiento de calidad de vida de miles de familias se podrá hacer únicamente con diálogo y esfuerzo conjunto de los Gobiernos Nacional, Provincial y de la Ciudad de Buenos Aires. Asumiendo como política de Estado que los más pobres que habitan este lugar vivan con más dignidad. Ahora bien, no se le puede exigir todo al Estado, ya que la solidaridad es algo de todos. Estamos hablando entonces de un acuerdo social y político (10)  que empieza por seguir escuchando a los vecinos de los barrios afectados. 

Pedimos a la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, que nos inspire los caminos para trabajar en bien de nuestros hermanos.  

  • Lorenzo De Vedia, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
  • Guillermo Torre, Martín Carrozza y Eduardo Drabble de la Villa 31.
  • Gustavo Carrara, Joaquín Giangreco y Hernán Morelli de la Villa 1-11-14.
  • Franco Punturo y Pablo Ostuni de la Villa 20.
  • Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
  • Pedro Baya Casal de la Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo.
  • Alejandro Fabián Seijo de la Villa de Rodrigo Bueno.
  • Sergio Serrese de la Villa 19 y de la Villa 6.
  • Adolfo Granillo Ocampo y Lucas Arguimbau de la Villa de Chacarita.
  • Juan Gabriel Arias y Enrique Evangelista de la Villa 26.
  • Jorge Torres Carbonel. Vicario Episcopal para las Villas.  

Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 30 de Marzo de 2011.

1- Cfr. Documento de Puebla Nº 386-387.

 2- Cardenal Bergoglio. “Educar, un compromiso compartido” Mensaje a las Comunidades Educativas (18 de abril de 2007).

3- La expresión original reza así: “El mundo es nuestra casa.” Este era el lema espiritual que tenían los jesuitas cuando eran enviados a una misión especial de evangelización. Cfr. Lowney Chris, El liderazgo al estilo de los Jesuitas. Editorial Norma S. A., Buenos Aires, 2008. Pág. 120.

4- Muchas veces hemos escuchado frente a un hecho de inseguridad la pregunta del periodista: ¿Hay alguna Villa cerca? Asociando sin más a las personas que sufren la pobreza con el delito. No tendríamos que olvidar que el vecino de la Villa maneja un concepto amplio de inseguridad. Inseguridad también es no saber donde se va a vivir dentro de unos meses, o cuando se va a lograr un trabajo estable, o donde conseguir el medicamento que no se puede comprar y que el hospital no tiene, o donde van a ir los hijos a la escuela, o cuando pueden quedar sumergidos en la droga porque es la oferta más a mano, o depender de un comedor para que los chicos coman etc.

5- Cfr. BaumanZigmunt. Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Paidos. Buenos Aires, 2008. Pág. 11

6- “Las verdades sobre la vida, sobre el “saber vivir”, e incluso las que son parte de la moral evangélica, tienen una riqueza y una complejidad tal, una multitud de consecuencias prácticas y de derivaciones existenciales, que suena obvio decir que a esas verdades uno puede acercarse desde diferentes perspectivas, a partir de distintas vías de acceso. A las profundidades de la vida ninguno de nosotros llega sólo por libros, ni por la especulación, sino también a partir de determinadas experiencias. Mi experiencia de la vida me permite captar mejor que otros ciertas verdades, mientras los demás tienen mejor acceso a otros aspectos de la verdad a través de su “contacto” particular con la realidad. Una experiencia determinada de la vida despierta ciertas categorías mentales que no se poseían antes de esa experiencia, y así se abre un nuevo camino de conocimiento. Por eso, las vías de acceso al conocimiento de la realidad son muy variadas: una situación de pobreza solidaria, el éxtasis artístico, un acto generoso de servicio, una enfermedad, dar a luz a un niño, etc.” Fernández Víctor. Sabiduría popular. (Inédito).  

7- Sabato Ernesto. La resistencia. Seix Barral. Buenos Aires, 2000. Pág. 81.

8- Celebrar el Bicentenario en la Ciudad de Buenos Aires (2010-2016). Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia. (11 de mayo de 2010). 

9- Reflexiones en torno a la urbanización y el respeto de la cultura villera. Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia. (11 de junio de 2007)  

10- “La política es una obra colectiva, permanente, una gran aventura humana… La imagen que de ella tiene nuestra sociedad necesita ser revalorizada. Es una actividad noble y difícil… La política tiene como ambición realizar el vivir juntos de personas y grupos que sin ella serían extraños unos a otros… La apuesta de la acción política es extraordinaria: tender a una sociedad en la que cada ser humano reconocería en cualquier otro ser humano a su hermano o lo trataría como tal… La organización política existe por y para el bien común, que es más que la suma de los intereses particulares, individuales o colectivos, a menudo contradictorios entre sí…. Por ese motivo, el bien común debe consistir en una búsqueda incansable de aquello que le sirve a la mayoría, de lo que permite mejorar la situación de los más carenciados y débiles. Tiene la obligación moral de tener en cuenta no solamente los intereses de las generaciones actuales sino también y, con miras a un desarrollo sostenido, los de las generaciones futuras.” Conferencia Episcopal Francesa. Rehabilitar la política. Nº 3.8-9.

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